Recuperación lenta del Padre Cromacio Díaz (26.09.2012).

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MSA-Noticias. 26.09.2012. Viña del Mar-Chile.

Ultimas noticias. El padre Cromacio Díaz está saliendo de su estado crítico de salud, mejorando, pero siempre es relativo. Le quitaron los sedantes y al poco tiempo, estaba pidiendo sus anteojos y el diario. Su corazón quedó muy debilitado y ese es el gran problema, que en cualquier momento le puede fallar. Su familia lo acompaña y se irá a vivir con su hermana en Recreo (Viña del Mar), dejando su residencia en el Seminario S. Rafael de Valparaíso. Seguimos rezando por su recuperación. Cuando esté en su casa de la familia en Recreo el grupo del voluntariado misionero le hará llegar sus saludos de fraternidad.

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MSA-Noticias. 24.09.2012. Viña del Mar-Chile. El Padre Cromacio Díaz Alda Ursúa, sacerdote de 83 años de edad de la diócesis de Valparaíso, Chile, se encuentra en muy delicado estado de salud, luego que sufrió un paro urinario por lo que fue hospitalizado en la Clínica Ciudad el Mar en Viña del Mar. Fue trasladado a la UCI de esa Clínica, encontrándose hasta hora sin visitas. Su salud ha empeorado por problemas cardíacos.

¿Quién es el Padre Cromacio Díaz?

Su nombre no es sencillo: Cromacio Díaz de Alda Urzúa. Un playanchino de nacimiento y orgulloso de sus antepasados vascos. Este poco tradicional sacerdote del Seminario San Rafael de Valparaíso reparte sus horas entre el trabajo semanal que significa guiar espiritualmente a uno de los colegios más tradicionales del Puerto y el descanso de cada fin de semana en su hogar en el sector de Granizo, en la comuna de Olmué.

Quienes lo conocen hablan de su fuerte carácter, un resgo que es rápidamente reconocible desde el primer minuto de una conversación que se desarrolló en el tercer piso del Seminario San Rafael.

Mientras sirve un café y en el patio del recinto se escuchan las voces de centenares de niños que disfrutan del segundo recreo de la jornada, el padre Cromacio confiesa su pasión por el andinismo, una actividad que por varios años lo tuvo como protagonista ya sea ascendiendo montañas, organizando excursiones o como dirigente de numerosos organismos relacionados con la disciplina.

“Chile debería haber privilegiado dos actividades en vez del fútbol y del tenis: Los relacionados con el mar y aquellos que se desarrollan en la cordillera. Lamentablemente son los que menos ayuda reciben”, reclama ante tal contradicción, al igual que contra una artrosis que le obligó a una dolorosa operación en la cadera y que terminó con su vida de excursionista.

Sin embargo, para este sacerdote los recuerdos de su vida en la montaña siguen siendo especialmente fuertes. “La camaradería que se logra entre gente muy distinta en cada excursión es increíble”, rememora con emoción, destacando también que “el montañismo es un deporte no competitivo. Es usted el responsable de su rendimiento. Uno mismo es quien va a decir si llegó a la cumbre porque a 5 mil metros nadie lo va a ir a controlar. Acá hay bastante más que sólo esfuerzo y rendimiento”.

Los inicios:

La relación entre el padre Cromacio Díaz y el andinismo viene de familia. “Mi padre era cazador y excursionista. De muy niño recuerdo haber vuelto de extensas caminatas por lo más alto de Valparaíso durmiendo en sus brazos”, rememora.

Una afición que el sacerdote vivió con mayor intensidad durante sus estudios de Teología. “En ese tiempo, la educación de los sacerdotes incentivaba el poco contacto con el mundo y por ello es que pasábamos en la cordillera. Ésos eran momentos en que “yo gozaba como ‘chancho”, asegura, mientras en ese momento surge un nombre que lo marcó en su vida: el padre Egidio Vigano, quien llegó a ser superior general de los salesianos.

“El padre Egidio era quien encabezaba las excursiones a los cerros”, recuerda el menudo cura, quien tras su incursión en un club que ya existía por aquellos años en el colegio comenzó a vivir otra etapa de su relación con el montañismo: la de dirigente deportivo.

El padre Cromacio fue directivo del Andes Ski, para luego desempeñarse como presidente de la Asociación de Andinismo de Valparaíso y Aconcagua. Fue ese momento cuando tuvo una estrecha relación con las políticas implementadas tanto en la UP como el en el gobierno de Pinochet.

“En la Unidad Popular había buenas intenciones, pero algunas muy lejanas de la realidad. Se intentó una experiencia de llevar niños de bajos ingresos a la cordillera para enseñarles a esquiar, algo que yo critiqué bastante porque siempre les advertí que a esos menores les estaban dando a conocer algo que cuando bajaran del cerro no les iba a servir para nada”, recuerda, para luego detallar su experiencia tras el 11 de septiembre de 1973: “Me llamaron a trabajar en la secretaría ministerial para encabezar una actividad de montaña realizada a nuestra pinta. Ahí enseñábamos excursionismo”.

“En ese tiempo la Federación de Andinismo me encargó que le diera vida a la Escuela Nacional de Montaña. Eran tiempos en que movíamos a cerca de 200 muchachos todos los domingos”, recuerda.

Con orgullo admite que en más de una ocasión lo han saludado en la calle personas aparentemente desconocidas, pero que al conversar con ellas se ha dado cuenta que eran los jóvenes que lo acompañaron en su caminata dominical: “Lamentablemente después vino un bajón por el tema del aumento en la pobreza”.

El decaimiento:

Para el padre Cromacio Díaz no hay dudas. “El cerro La Campana tiene la mejor vista de Chile en la zona Central. Uno puede observar todo el ancho del país: Desde el Aconcagua hasta los barcos de la bahía estando claro”, asegura, destacando que “desde lo más alto del cerro la visión del mundo es otra. Estar en la cumbre y mirar un puntito con largavistas y darte cuenta que esa es tu casa sirve para que te preguntes ¿y tanto que te preocupas de eso?”.

Sin embargo, el sacerdote tiene hoy una gran tristeza. La ausencia de renovación e interés e los más jóvenes por la excursión es algo que “me duele”, aunque también la entiende: “El decaimiento del andinismo en nuestra zona se dio desde el momento en que la Federación pidió que las clases de montaña debían ser pagadas”.

“No entienden que existe demasiada pobreza. Para viajar a La Campana debemos considerar los pasajes ida y vuelta de dos micros, además del ingreso al Parque y la comida. Así no hay bolsillo que aguante”, critica con insistencia, lamentándose que la última vez que un grupo de alumnos del Seminario le pidió realizar una excursión sólo uno cumplió con acompañarlo en lo que era su última aventura