La malaria, o paludismo, es la enfermedad parasitaria más importante del mundo por su morbi-mortalidad, ya que causa un número de muertes superior a la de cualquier otra enfermedad transmisible. Además, tiene un enorme impacto socioeconómico: la malaria es un problema de salud pública en más de 90 países, habitados por un total de 2 400 millones de personas; más de un 40% de la población mundial.
La prevalencia de la enfermedad se estima en unos 300-500 millones de casos clínicos anuales y más del 90% de los casos de malaria se encuentran en la Africa sub-sahariana y la mortalidad es de aproximadamente 1-2 millones de muertes cada año. La mayoría de las muertes ocurren en niños pequeños, especialmente en áreas rurales remotas con poco acceso a asistencia médica. En muchos países en desarrollo, especialmente África, el coste material y de vidas humanas es enorme aunque se trata de una enfermedad curable si se puede realizar un diagnóstico precoz y un tratamiento adecuado.
Los parásitos se transmiten por mosquitos del género Anofeles y tras la picadura, se establece una infección asintomática en células hepáticas. Después de un período de incubación, de aproximadamente una semana, se liberan las formas sanguíneas del parásitos que se desarrollan y multiplican en el interior de eritrocitos. El parásito produce proteínas que se transportan y se sitúan en la membrana del eritrocito. Tales proteínas hacen que el eritrocito se pegue a las paredes de los vasos sanguíneos originando la obstrucción de los mismos. Existen cuatro especies de Plasmodium: Plasmodium ovale, Plasmodium vivax, Plasmodium falciparum y Plasmodium malariae, que producen la malaria en humanos. La malaria cerebral, una complicación severa de la malaria producida por P. falciparum, el secuestro de eritrocitos infectados en los vasos sanguíneos se asocia con una pérdida del conocimiento y la afección resulta letal si no es tratada. Los parásitos de las especies P. vivax y P. ovale se caracterizan por presentar la fase de hipnozoíto que, si no reciben el tratamiento adecuado pueden persistir durante años en el hígado y causar recidivas periódicamente.

